
No me des alas que no pueda usar.
No me alientes a surcar un cielo limitado o inexistente.
Por favor no.
Es doloroso e inhumano.
Qué hago revoloteando con mis alas extendidas sin poder elevar mi vuelo en libertad?
Qué hago con todo esto ahora?
Yo jamás te hubiera puesto en esta posición.
Siempre tengo que huir, alejarme, renunciar, para no sufrir.
Sufrir para no sufrir.
Negar mis sentimientos, buscar mi felicidad lejos tuyo, vivir mi vida sin vos en ella.
Durante demasiado tiempo pude ocultar todo lo que siento, porque era un imposible, un improbable, una incoherencia.
Durante demasiado tiempo fui sensata y evité darme golpes contra esa muralla que se interponía entre nosotros.
Durante demasiado tiempo.
Pero un día, un glorioso e inesperado día, me abriste tu corazón y me diste unas hermosas, enormes y brillantes alas.
Y con ellas me alentaste a elevarme por encima de la muralla, prometiéndome que estarías del otro lado con tus brazos y corazón abiertos para amortiguar mi aterrizaje.
Pero ni bien alzé el vuelo, ni bien pude vislumbrar el límite de esa muralla, me lazaste y me aventaste hacia el suelo, sin yo poder comprender nada de lo que estabas haciendo, de lo que estaba sucediendo.
Tanta crueldad absolutamente innecesaria.
Y lo único que decías era que lo hacías por mi bien.
Por amor.
Por mí.
Dolía observar esa muralla desde abajo.
Parecía tan alta e infranqueable.
Imposible.
Dolía, pero era soportable ese dolor.
Era el dolor de lo inalcanzable.
En cambio este de estas alas inútiles, quema, arde, desintegra.
Estas alas tienen vida propia y no toleran arrastrarse por el suelo.
Y menos habiendo podido cobrar altura y sentir las ráfagas de libertad sostenerlas en el aire.
Es un dolor eterno.
Ya sin esperanza.
Ya sin consuelo.
Ya sin retorno.
Un dolor que cala desde el alma hasta el tuétano.
Hubiera preferido que nunca me dieras estas alas.
No sé para que tuviste que hacerlo.
Duele demasiado.
Y no lo entiendo.
Solo sé que nada malo hice para merecer esto.
Solo amarte.
K.Z.