Me pongo a releer mis escritos y pienso:
Cuanto crecí! Cuanto aprendí! Cuanto maduré!
Me veo en mis letras escritas en el pasado y me veo hoy en mis pensamientos
y digo, waw! cuanta saiduría adquirida a través de las experiencias!
Era tan crédula! Tan Disney! Tan familia Ingalls!
Era tan idealista, tan ingenua, tan generosa con el afuera, tan comprensiva,
tan empática, tan romántica, tan
Tan de todo eso que nadie valoraba, tan de todo eso que me desgastaba,
tan de todo eso que priorizaba la comodidad de los otros, y disfrazaba mis incomodidades,
tan cuidadosa con no molestar a los otros, seleccionando palabras, buscando la mejor manera,
ser agradable, ser correcta.
Y por supuesto creía y esperaba lo mismo de los demàs, exponiéndome a eternas decepciones, a dolores
incomprensibles.
Yo esperaba de los demás, que fueran, o hicieran, o no fueran o no hicieran
y los demás son como son y dan desde ahí.
La única incomodidad de la que me tengo que ocupar es de la mía,
a la única que tengo que cuidar, es a mí,
los límites que tengo que poner no son para los demás, son para mi.
Me protegen, del dolor, de la decepción, del desgaste, de la injusticia, de perderme.
Los límites son amor, hacia mí misma.
Mi mejor amiga, mi familia, mi refugio, mi centro, mi TODO, YO MISMA.
Si he de cuidar a alguien, es a mí, incluso de mí, de esas versiones poco asertivas.
Si he de cultivar una relación y enamorarme, es conmigo.
He estado desde el inicio y seguiré estando hasta el final a mi lado en la trinchera.
Soy la única cara permanente.
Soy la única incondicionalidad de mi mundo.
He entendido la conducta humana, su psiquis, sus patrones, sus roturas.
He comprendido que no necesito nada ni a nadie, que podré sola, como he podido tantas veces.
Y también he aprendido que los hechos hablan y no las palabras.
Que una disculpa sin cambio no es nada.
Que cada uno está en la suya y que apenas puede con sus propios mambos.
Que a los demás les importa por un rato lo que le pasa al resto, y que a mi también me tiene que importar solo por un rato lo que le aflije o alegra al otro.
Que se vive una vida a la vez, la propia.
Hoy ya no tengo complejo de salvadora, ahóguense todos o sálvese quien pueda, yo le tiraré un salvavidas al que me lo haya arrojado a mí primero.
Hoy ya no quiero pareja, ni chongo, ni garche fijo.
Ya ni garche quiero.
La paz y la felicida pasan por cosas muy simples, gratuitas y al alcance de mis ojos, oidos, sentires.
Hoy mi sentir es prioridad y mi intuición mi brújula.
Ya no necesito respuestas. Ya no tengo preguntas. Solo tengo aceptación y cero tolerancia al malestar.
Donde no sienta bienestar, no estaré y mucho menos permaneceré.
Aprendí a bloquear y sacar de mi mundo, a exiliar y me encanta.
Nadie es imprescindible.
Nací sin ellos y moriré sin ellos.
Lo que resta, se va, sin que me tiemble el pulso, sin dudas ni contemplaciones.
De lo que suma, quiero más! Y a eso sí, le abro las puertas de mi mundo.
Me he vuelto minimalista en TODO, y que liviano se siente.
Mi mejor compañia es la mia, nadie supera las conversaciones que tengo conmigo.
Hoy mi mundo soy yo, y tengo todo en mí.
Hoy entendí que lo que es para mí se queda, y lo que no, no, sin que yo tenga que sostener, equilibrar, contener, guiar, forzar o hacer nada al respecto.
Hoy entendí que vivir no cuesta vida, no cuesta nada, o tal vez cueste ignorancia,
Porque vivir es aprender,
De eso se trata la vida.
De apreder sobre mí.
El universo más apasionante.
La aventura más increíble.
La mejor energía y tiempo invertidos.
Entenderme, como funciono.
Comprenderme, lo que puedo, lo que no.
Aceptarme, con TODO eso que me hace ser la maravilla única e irrepetible que soy.
Y amarme, tomando conciencia de cuanto valgo y no aceptando menos, no estar esperando que otros vean ese valor, pero sí comprometida conmigo a que nadie me trate de forma barata.
Porque el otro puede no haber sabido ver quien soy y cuanto valgo, pero eso no baja mi valor, y yo se lo tengo que enseñar, no con palabras que se lleva el viento, sino con acciones que me den siempre el lugar que merezco, ese lugar que me tengo que dar yo y no esperar que me lo den los demás.
Y todo esto lo fui aprendiendo a través de mis antiguas versiones, gracias a todas esas Karen, hoy soy quien soy.
Eternamente agradecida a cada una.
Gracias Karen, la de cada tramo de este maravilloso camino transitado.
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