Bebo de los senos de Gaia, la iluminación que despierta mi conciencia.
Fluye por mis venas la energía sanadora del universo.
Alimento mi espíritu con el néctar de la sabiduría, con las vitaminas del conocimiento.
Me despojo de mi piel como la serpiente y me reciclo renaciendo del abismo.
Aprendo a amarme.
Aprendo a amar.
Lleno mi copa primero y luego puedo ofrecerla a otros.
Ya no mido, no peso, no cuento.
Ya no compro ilusiones baratas.
De pronto puedo ver a través de las cosas, y percibir mucho más allá de mis sentidos.
Visito el Akasha y regreso fulgurante.
Me ahueco y me convierto en instrumento a través del cual la alineación y el equilibrio se hacen disponibles.
Me sumerjo dentro mío y me encuentro, y encuentro a mis otros yo y los conecto.
La tierra es mi madre, mi hogar es el cosmos, el todo.
Resueno con cada habitante de este planeta.
Resueno con la lluvia, con el mar, con los tambores.
Me reconozco chamana, hija de la luz, bruja poderosa, hechicera milagrosa, diosa creadora, alma inquieta, mujer sin fronteras...Mujer Mística.

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