amor del bueno, ese que permite ser.
Me despido porque ya cruzamos puentes y así y todo seguimos en orillas
opuestas.
Me despido de los desencuentros y de los reclamos,
de las presiones y las prisiones.
No me despido porque ya no te ame, sino porque aprendí a
amarme y a amarte.
Amarte implica aceptarte, y aceptar que no somos compatibles,
dejarte ser y ser yo, aunque sea en polos opuestos.
Por eso desde mi orilla y desde mi polo, me despido,
deseándote el mejor de los caminos.
Adiós amor, hoy me despido, de este nosotros que se
volvió obsoleto y huele feo.
Adiós, gracias por todo, sé que ambos dimos lo que pudimos,
no hay reproches ni peroratas.
Hay ganas de vida plena, ganas de magia, y de romper
cadenas y mover alas.
Volemos juntos una vez más...en sentidos opuestos...
Adiós amor...Volemos...qué está hermoso el cielo.

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